5 errores a la hora de elegir una residencia para mayores

El proceso de búsqueda de una residencia para mayores suele ser doloroso para los familiares del mayor. Normalmente el adulto mayor ha sido hospitalizado y al darle el alta no puede volver a su casa; ha empeorado rápidamente y los familiares no pueden cuidarle.

Siempre los momentos previos al ingreso son difíciles y la familia de la persona mayor se ve obligada a tomar decisiones rápidas.

Esto hace que, en ocasiones la elección de la residencia no sea la más adecuada, algo que puede generar con el tiempo preocupaciones y problemas aún más graves.

Lo mejor sería pensar que se está contratando un servicio muy importante que implica depositar confianza tanto en la residencia como en el equipo de profesionales, y en consecuencia tomarse el tiempo necesario. Por desgracia eso no siempre es posible.

Aquí les dejamos los cinco errores más comunes que pueden llevar a tomar una decisión inadecuada y que, con un poco de cuidado podrían evitarse.

1. Elegir una residencia de larga estadía cuando en realidad no es la mejor opción

Resulta muy normal que, una vez el mayor ingresa en la residencia geriátrica los familiares se sientan culpables. En el fondo piensan que podrían haber cuidado a su mayor querido en casa, y se sienten mal porque lo perciben como un abandono.

Este sentimiento suele ser infundado: Según algunos datos, alrededor del 10% de los mayores de 65 años recibirán la mejor atención en una residencia para mayores, el resto podría vivir perfectamente en un domicilio, si cuenta con apoyo de su familia y/o servicios como ayuda a domicilio o si asiste a un centro de día. Por lo que hay que reflexionar si una residencia es la mejor opción.

Si piensa que otras opciones podrían ser más convenientes, es mejor que intente encontrar otras soluciones ya que puede acabar sufriendo, haciendo sufrir a su familiar mayor y vivir en un estado de queja e irritabilidad constante.


Los que opten por una residencia, deben saber que un cierto sentimiento de culpa es normal y que, una vez depositada la confianza en el equipo de profesionales, y al ver que la persona mayor se encuentra bien y recibe atenciones que en casa hubiesen sido imposibles, la culpa irá disminuyendo.

2. Quedarse con la primera opción

Cuando la situación se quiere resolver rápidamente, podés caer en la tentación de tomar el camino fácil: pedir consejo a algún amigo o a un profesional y quedarte con la primera residencia que visites.

En Río Cuarto hay residencias con un variado rango de tamaños, servicios, sistemas de cuidado y precio. Por eso sería conveniente realizar una lista de las opciones, visitar los sitios web para anotar los servicios de cada una y conocerlos de antemano, y finalmente visitarlos para confirmarlo.

Para tomar una decisión adecuada sería recomendable seleccionar y visitar como mínimo tres centros residenciales antes de elegir.

.

3. Las falsas expectativas

A pesar de que la mayor parte de personas que viven en una residencia geriátrica en Argentina se encuentran bien según algunas encuestas de satisfacción, en ocasiones los familiares se sienten defraudados porque la residencia no son lo que ellos esperaban.

Una residencia para mayores es un sustituto del hogar donde las personas mayores reciben servicios de apoyo a las actividades de la vida diaria. Aunque muchas ofrezcan algún servicio médico y sanitario, las personas mayores que viven en una residencia no están en un hospital.

Las familias que piensen que su familiar será visitado diariamente por un médico o controlado en todas sus constantes de forma continuada deberán asegurarse de que la residencia que elijan ofrece esos servicios o acabarán sintiéndose defraudados.

La familia continua teniendo un papel fundamental una vez el mayor ingresa en la residencia de mayores. Es muy importante que visite lo más a menudo posible a su familiar mayor, que atienda los requerimientos de la residencia y que disponga quién acompañará al residente si hay que acudir a visitas médicas hospitalarias o de otro tipo fuera de la residencia.

Salvo que la residencia lo ofrezca de forma expresa, los acompañamientos fuera del centro no están incluidos en sus servicios.

Es muy importante saber qué es una residencia de mayores y qué no es, para evitar problemas y falsas expectativas.

4. No leer el contrato y reglamento interno

Todas las residencias están obligadas a firmar un contrato con los residentes y sus representantes/familiares (si los mayores no pueden decidir por sí mismos).

El contrato debe aclarar cuestiones tan importantes como: el precio, cómo se incrementará el precio en el tiempo, qué incluye el precio y qué no (suele haber servicios no incluidos como la peluquería, el lavado de prendas, etc.), recargos por mora, existencia de un periodo de prueba, horarios de visita, etc.

No haber leído y entendido estos documentos antes de ingresar puede provocar malentendidos ya que la residencia considerará que lo que hay en el Reglamento es conocido por los residentes y familiares.

Un buen consejo es leer el contrato y despejar cualquier duda antes de adquirir el servicio.

5. No tener en cuenta la voluntad de la persona mayor que ingresará

Aunque parezca obvio, lo más importante a la hora de decidir el ingreso en una residencia geriátrica es la decisión de la persona mayor que va a ingresar.

Sin embargo, puede suceder que todos vean claro que hay que ingresar al mayor, menos él o ella misma.

Hay que entender que dejar su propio hogar para ingresar en un centro geriátrico es un cambio importantísimo y es lógico que la persona lo vea como algo negativo e irreversible.

La solución, como en casi todos los problemas, es hablar sinceramente y entenderse. El mayor debería visitar la residencia antes del ingreso, debería explicarse en detalle las condiciones de vida y deberíamos entender que la decisión le cueste. Sabemos que en el fondo lo que le gustaría es “no necesitar una residencia”.

Cuando la persona anciana sufre alguna demencia, como la enfermedad de Alzheimer, debemos saber qué piensa “en la medida de lo posible”. Es bueno ofrecer opciones siempre que se pueda y, cuando no, pensar en lo que le preferiría si mantuviese la capacidad.

El engaño o el chantaje emocional son muy malos sistemas ya que el mayor que ingresa en la residencia pensando que sólo parará un mes porque “se lo han dicho los hijos”, acabará sufriendo cuando descubra que le han mentido.

Dentro del porcentaje de mayores que requieren residencia, lo ideal sería que cada uno encuentre una en la que se sientan cómodos y puedan cubrir sus necesidades, y es bueno pensar que aunque siempre se intentan evitar los errores, al final de lo que se trata es de depositar confianza.